A poco más de un mes de aquel incidente que protagonizó Centurión con Coudet, la sanción disciplinaria al jugador tiene un contenido simbólico que supera la magnitud de ese hecho y se expresa como un episodio que legitima conductas autoritarias.

Aquel empujón o empujoncito que le propinó Ricardo Centurión a Eduardo Coudet en ocasión de la rotunda victoria de River por 2-0 ante Racing ocurrida el pasado 10 de febrero, pareció resignificarse para el ambiente del fútbol y para amplios sectores de la sociedad argentina como la posibilidad de ejecutar en una plaza pública a un jugador de 26 años con perfiles y orígenes muy vulnerables.

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