El dólar parece despertar después de haberse tomado todo enero de vacaciones, pero el Gobierno espera que la estabilidad cambiaria conseguida perdure durante los próximos meses. No es un dato menor, tras la corrida de 2018, domada a fuerza de rigidez monetaria, ajuste fiscal y el consecuente derrumbe de la actividad. Si bien la inminencia del escenario electoral suele recalentar el mercado de divisas doméstico, en el Ministerio de Hacienda creen que es más probable que el peso se aprecie más de lo deseado -algo que afecta la competitividad- a que empiece a trepar.

En el actual escenario económico post corrida, la estabilidad cambiaria es clave. Porque permite acelerar la baja de tasas necesaria para reactivar la economía -o, al menos, sacar la soga del cuello de las empresas que deben pagar tasas de casi 60 por ciento para descontar cheques. Y también para mejorar el poder adquisitivo de los salarios después de un 2018 en el que el índice de remuneraciones terminó veinte puntos por debajo de la inflación. Sin dólar calmo, las expectativas no mejorarán.

La cuenta que hacen en el equipo de Nicolás Dujovne para preocuparse más por la apreciación cambiaria que por un nuevo salto del dólar es la siguiente. A mediados de marzo, el FMI desembolsará u$s11.000 millones del acuerdo stand by. Ese dinero, a disposición del Tesoro, servirá para financiar vencimientos de deuda y gasto público. Si bien Hacienda repite que no efectúa subastas para domar al dólar, sino para hacerse de los pesos que necesite cuándo los requiera, son divisas que pueden ayudar a calmar cualquier escenario que afecte la calma cambiaria.

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A esos u$s11.000 millones se agregarán, sobre todo a partir de abril, unos 30.000 millones de agrodólares. Esa es la estimación que manejan en Hacienda para la liquidación de la cosecha, cuyo epicentro ocurre entre el cuarto y el octavo mes del año. Después de la sequía y a pesar de las inundaciones que afectaron a parte de la zona productiva, la soja y los demás cultivos generarán este año unos 8000 millones más que en el catastrófico 2018.

Todo esto, en un mejor contexto global, que hace que fondos de inversión vuelvan a mercados emergentes, como el de la Argentina, luego de que la Reserva Federal de Estados Unidos diera pistas de que subirá las tasas de interés de forma más pausada. Ese dato, más el encausamiento en una mesa de negociaciones de la guerra comercial entre ese país y China y el crecimiento esperado en Brasil, principal socio de la Argentina, despejarían los nubarrones que puedan llegar desde más allá de las fronteras.

Federico Furiase, director de la consultora EcoGo, coincide con esta lectura. 'La lógica de un proceso de estabilización hace que tenga sentido que el dólar se mueva por debajo de la inflación por unos meses. Vamos a tener esto hasta empalmar con los dólares de la cosecha y los del FMI, siempre y cuando se sostenga el escenario global. En este escenario en el que se mantiene la sed de los fondos globales por los emergentes, el dólar seguirá viajando detrás de la inflación', estima.

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Para Rodrigo Álvarez, director de la consultora Analytica, que la divisa mayorista se estacione debajo de la zona de no intervención puede constituir un problema. 'Creemos que el sistema de bandas cambiarias actúan como corredor para el tipo de cambio real, ya que dentro de las mismas se encuentran los niveles de equilibrio de esta variable, al menos para balancear la cuenta corriente del balance cambiario', escribió en un reporte.

María Castiglioni Cotter, economista de la consultora C&T, coincide con el diagnóstico oficial. 'Nuestra preocupación es que no se aprecie más el tipo de cambio, porque cuanto mayor es la apreciación, mayor es el riesgo de que después pegue un salto fuerte', dijo.

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'El tipo de cambio real está en un nivel bastante cómodo. Eso, sumado a la recesión, genera un fuerte superávit comercial, y el pico es la cosecha de soja, entre abril y agosto', agregó Castiglioni. 'Desde este punto de vista, habrá una oferta de dólares importante, que supera a las importaciones, y el déficit de turismo prácticamente se convirtió en equilibrio. La salida de dólares tiene que ver con el pago de intereses de la deuda en dólares, y eso está asegurado con el dinero del FMI', sostuvo.

La economista agrega que el tipo de cambio real está 50 por ciento por encima del valor que tenía a la salida de la convertibilidad. 'Es bastante elevado. En promedio, a la economía le viene bien, aunque todavía hay sectores que no lo pueden aprovechar para exportar porque están complicados financieramente'.

Los economistas ven que el riesgo electoral típico de cada contienda presidencia llegará más cerca de mitad de año, a medida que se despeje el horizonte de candidatos y encuestas.

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Paradójicamente, si Cristina Fernández de Kirchner se sube a la contienda -el escenario de tercios que desea y alienta la Casa Rosada- el dólar podría recalentarse, según la visión de Hacienda. 'La única histeria relacionada con el tipo de cambio que vemos es una probabilidad alta de que gane Cristina', evaluó la fuente oficial, aunque aclaró: 'No veo que eso ocurra'.

Para cuando el dólar electoral caliente motores, el Tesoro ya contará con los u$s11.000 millones del Fondo. Podrá cambiar buena parte de ese dinero por pesos para atender gastos corrientes y vencimientos de deuda en moneda local. Y, al hacerlo, agregaría oferta de divisas ante una dolarización de carteras.

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