El delantero de Boca, Cristian Pavón, sorprendió al tatuarse una gigante águila en el pecho a días del primer partido por la final de la Libertadores frente a River.
Esta decisión puede condicionar el juego del delantero de Boca, ya que la piel queda en un estado delicado y debe ser resguardada de golpes, roces y fricciones.

Los tatuajes tardan en cicatrizar alrededor de un mes.
Un traumatismo podría generar una infección en la zona, que lo dejaría de una semana a quince días afuera de las canchas.
Además, el sudor en contacto con la zona lastimada, por la agujas de la máquina de tatuar, genera un sarpullido con picazón muy molesto.

Suponiendo que nada de esto pase, igualmente el juego del delantero puede quedar condicionado, ya que la zona todavía estará inflamada.
De hecho, lo más probable es que juegue con alguna molestia.

Ahora será importante el trabajo del cuerpo técnico de Boca, quien deberá cuidar al futbolista y la zona.
¿Fue una buena decisión de Pavón o debería haber esperado algunos días?

Fuente: Ambito >> lea el artículo original